Enrique Zervin nace en un momento de crisis personal, me encontraba en un estado en que la pasión por mi profesión, que es la creación artística se encontraba nublada por la “oscuridad espiritual” ¿cuántos de nosotros no nos hemos sentido así?, haciendo lo que somos buenos para hacer, pero dejamos de disfrutarlo, o ¿cuántos de nosotros estamos haciendo algo que no nos apasiona?
Sin embargo estaba consciente de que la única manera de encontrar el camino estaba en apoyarme en mis talentos, así que seguí pintando hasta que un día me encontré con un verdadero reto, plasmar a un majestuoso, sublime y perfecto caballo, al pintar la estructura del caballo, sus músculos, su mirada, etc, fui adentrándome en ese proceso descubriendo que en el caballo había algo más profundo, algo que a simple vista no se veía, era algo más que un animal; era la fortaleza que pensé que no tenía para salir adelante y dentro de esta paz puede observar que en el caballo se encontraban todas las virtudes que el alma del ser humano aspira a tener.
De esta manera el caballo se convierte en mi obra, en un símbolo de superación, de inspiración, de lealtad, de disciplina, entre otras.
De esta manera cada una de mis obras se convierte en un espejo que refleja el espíritu humano y todo lo que somos capaces de lograr.
En presagios se dice que si te encuentras con un caballo en la naturaleza, entre sueños, se interpreta como una señal de que “pronto te liberarás de las ataduras que te retienen” y así es como reflejo entre sueños mi obra, para poder transmitir un mensaje que finalmente nos libere de nuestros miedos y frustraciones.